Diferencias entre entrenar en un club profesional y en categorías inferiores de un club amateur
He entrenado en ambos contextos y las diferencias van mucho más allá del nivel de los jugadores. Te cuento qué cambia realmente cuando pasas de un entorno a otro.
Cuando la gente me pregunta por mi trayectoria como entrenador y menciono que he trabajado en el Real Sporting de Gijón y también en otros equipos de categorías inferiores amateur, la reacción habitual es asumir que uno es mejor que el otro. Que el entorno profesional es el destino y el amateur el punto de partida.
La realidad es más matizada. Son dos contextos completamente diferentes que exigen cosas diferentes del entrenador. Y hay lecciones que solo se aprenden en uno de ellos.
Los recursos: la diferencia más obvia
La diferencia más evidente entre ambos contextos es la de los recursos. En un club profesional tienes instalaciones de primer nivel, material de entrenamiento completo, staff técnico y médico, analistas, herramientas de vídeo profesionales. Todo está pensado para que el entrenador pueda centrarse en entrenar y sobre todo en hacer mejor a cada uno de los futbolistas.
En un club amateur la realidad es diferente. Normalmente compartes campo con otros equipos, el material es limitado, no hay fisioterapeuta, en muchos casos no hay preparador físico u entrenadores específicos (de porteros por ejemplo) y muchas veces eres tú quien recoge el material al final del entrenamiento.
Pero esta diferencia de recursos, siendo real, no es la más importante. He visto entrenadores con todos los medios del mundo hacer un trabajo mediocre, y entrenadores con recursos mínimos construir equipos extraordinarios.
El tiempo: el recurso más escaso en el amateur
En el fútbol profesional los jugadores son profesionales. El fútbol es su trabajo. Entrenan todos los días, tienen tiempo para recuperar, para ver vídeo, para asimilar conceptos tácticos complejos, para cuidar su estado físico, …
En el fútbol amateur los jugadores tienen vida. Trabajan, estudian, tienen familia, etc. El entrenamiento es un par de horas dos, tres (o con suerte para el entrenador), cuatro veces por semana. Pero es una afición y evidentemente, algunos días faltan porque tienen una reunión de trabajo, un examen o simplemente cualquier obligación que está por encima de sus aficiones, como el fútbol.
Esta diferencia cambia completamente la forma de planificar. En el profesional puedes construir conceptos tácticos complejos de forma progresiva porque tienes tiempo y continuidad. En el amateur tienes que ser muy selectivo con lo que trabajas — no hay tiempo para todo y la asimilación, normalmente, es más lenta.
Es cierto, que a día de hoy existen muchos más medios que permiten dar información al jugador fuera de esas 2 horas de entrenamiento, pero como decíamos cada uno tiene un contexto diferente y hay cosas en la vida de ellos que están por encima del fútbol, como es lógico.
El entrenador amateur que intenta replicar la complejidad táctica del fútbol profesional con su equipo de Regional Preferente, desde mi punto de vista, está cometiendo un error. No porque sus jugadores sean menos capaces intelectualmente, sino porque no tienen el tiempo ni la continuidad necesaria para asimilarlo y porque para los jugadores el fútbol es una afición, no una profesión.
La motivación: diferente motor, diferente gestión
En el fútbol profesional la motivación principal de los jugadores es su carrera y su sustento económico. Eso no significa que no haya que motivarles — la motivación es siempre un trabajo del entrenador — pero hay un motor externo potente que empuja.
En el fútbol amateur los jugadores están ahí porque quieren estar. El fútbol es su hobby, su válvula de escape, su momento de desconexión. Eso tiene una cara positiva — el compromiso emocional con el equipo puede ser muy alto — pero también una implicación importante para el entrenador: si el entorno no es agradable, si no se divierten, si la exigencia no está compensada con satisfacción, simplemente dejan de venir.
La gestión del grupo en el fútbol amateur requiere una dosis mayor de empatía y de lectura del estado emocional del equipo. No puedes exigir lo mismo a alguien que lleva una semana complicada en el trabajo (fútbol amateur) que a alguien que ha descansado, está fresco y debe cuidar su condición física a unos niveles muy altos (fútbol profesional).
El objetivo: ganar vs desarrollar
En el fútbol profesional el objetivo es ganar. Los resultados determinan la continuidad del entrenador, el presupuesto del club, la categoría en la que compites. La presión del resultado es constante y legítima.
En las categorías inferiores de un club amateur — y especialmente en el fútbol de formación — el objetivo principal debería ser el desarrollo del jugador. Ganar es agradable y da cohesión al grupo, pero no puede ser el único criterio de éxito. Aunque por desgracia muchas veces esto es lo único que se ve, el resultado.
Un entrenador que en categoría infantil toma decisiones sistemáticamente orientadas al resultado a corto plazo — poniendo siempre a los mejores, evitando arriesgarse con jugadores menos desarrollados — está hipotecando el desarrollo a largo plazo de esos jugadores por ganar partidos que en diez años días nadie recordará.
Todavía el otro día me contaban una historia de este tipo, jugadores niños benjamines (8 años), en donde el entrenador dejó a varios niños en el banquillo todo el partido, un partido de liga regular, en donde no penséis que era el partido para ganar la liga y ascender… no, era un partido para ganar 3 puntos más que seguramente les deje 7º u 8º en la liga. Un día tenemos que hablar sobre esto 🤔
Esta tensión entre resultado y desarrollo es uno de los debates más importantes del fútbol de formación y no tiene una respuesta única. Pero el entrenador tiene que ser consciente de ella y tener una posición clara al respecto, además de tener que convivir con su ego.
Lo que el fútbol amateur te enseña que el fútbol profesional no puede
Hay cosas que solo aprendes entrenando en contextos con recursos limitados.
Aprendes a ser creativo con lo que tienes. A diseñar ejercicios que no necesitan material sofisticado. A motivar sin incentivos económicos. A gestionar ausencias y variabilidad constante en el grupo.
Aprendes a comunicar mejor, porque no tienes tiempo que perder. A priorizar, porque no puedes trabajar todo. A valorar el proceso, porque el resultado no siempre está en tu mano.
Y aprendes algo que creo que es fundamental: que el fútbol, en su esencia, es lo mismo en todos los niveles. Los principios del juego son los mismos. La necesidad de claridad, confianza y cohesión en el grupo es la misma. La satisfacción de ver a un jugador mejorar es la misma.
Es decir, el contexto cambia. La esencia no.
¿Has entrenado en diferentes contextos y reconoces alguna de estas diferencias? Me interesa tu perspectiva.
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